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Historias de vida de trabajadoras del hogar de medio tiempo repatriadas en la Región Amhara, Etiopía.

por IDWFED Última modificación 01/11/2020 21:32

Yarmot

Mi nombre es Yamrot Enemayehu. Tengo 27 años. Nací en el distrito rural de Bibugn, a 80 km de la ciudad de Debre Markos.

Mi familia me obligó a comprometerme y luego a casarme de muy pequeña; a los 11 años de edad. Debido a que mi esposo y yo éramos niños, vivíamos en casas separadas. A pesar de que cada uno aún vivía con sus familias, la mía decidió que yo no continuara con mi educación una vez casada. Me opuse a esto y así fue como decidí irme a la casa de mi hermana que vivía en la ciudad de Debre Markos.

Vivir con los hijos de mi hermana no fue fácil. La mayor parte del tiempo me molestaban y me hacían sentir incómoda y poco bienvenida. Fue difícil vivir y trabajar en el mismo hogar que mi hermana, razón por la cual comencé a trabajar como trabajadora del hogar en otras casas. Trabajé tiempo completo en dos casas diferentes durante tres años y eso me ayudó a cubrir mis gastos. Fue en ese momento que conocí a mi novio. Quedé embarazada, perdí mi trabajo y tuve que buscar un lugar donde vivir. Mi novio trabajaba como jornalero y contribuía con mis gastos de renta y alimentos. Sin embargo, su ayuda se terminó luego de un tiempo. Tuve que volver al trabajo como trabajadora del hogar de tiempo parcial, y también acepté tareas de lavado de ropa, limpieza de casas particulares y horneado de “Injera”, un tipo de pan local. Nació mi hija y continué trabajando de este modo.

Estoy al tanto de la prevención y los síntomas de la COVID-19. Sin embargo, todavía es muy difícil sobrevivir en esta crisis mientras vivo mi vida. Muchos empleadores se encuentran confinados en sus hogares y no permiten que las trabajadoras del hogar ingresen a sus casas. Con anterioridad a la pandemia, trabajaba en más de un hogar y podía recibir algún tipo de pago. Pero ahora trabajo únicamente en una casa y se me está haciendo difícil cubrir los gastos y sobrevivir a la crisis.

En estos tiempos de desafíos, nadie me brinda asistencia con excepción de las organizaciones de trabajadoras domésticas. La organización me provee equipo sanitario y alimentos. Les estoy muy agradecida por la ayuda a la CVM y a la FITH.

Hiwot

 

Mi nombre es Hiwot Abiyou, soy soltera y tengo 23 años. Nací en 1997 en el Woreda o Distrito Awabel, de la Zona de Gojjam Oriental, de la Región Amhara. Cursé mi educación hasta sexto grado, pero las condiciones socioeconómicas de mi familia impidieron que completara mis estudios. Decidí mudarme a un área urbana para poder acceder a algún tipo de ingreso y continuar con mi educación. Emigré a la ciudad de Debre Markos donde me empleé como trabajadora del hogar durante 6 años en dos casas. No recibía un salario, pero el empleador y la organización CVM  (Comunità Volontari per il Mondo) cubrían mi material de estudio, mi ropa y algunos otros gastos. También soy miembro de la Asociación de Trabajadoras del Hogar de Mulu Tesfa.

 

Ahora soy trabajadora del hogar de tiempo parcial. Vivo sola. Ya estoy en el año 10+1 en el Instituto Politécnico de Debre Markos (Debre Markos Polytechnic College) donde curso mis estudios, pero mi educación se encuentra en pausa debido a la COVID-19. Conozco los métodos de prevención para la enfermedad y los síntomas de la COVID-19. He aprendido a través de los medios televisivos, la radio, los folletos de concientización de la CVM y el asesoramiento especializado. La COVID-19 hizo que tuviera que abandonar mis estudios superiores y me dejó sin trabajo. Me enfrento diariamente con la dificultad de pagar la renta y continuar con mi vida.

 

Las organizaciones sindicales como Mulu Tesfa, la CVM y la FITH comprenden la situación de exposición desproporcionada a la enfermedad que las trabajadoras del hogar sufren en medio de la pandemia de COVID-19. Nos ayudan con materiales sanitarios como jabón y desinfectante, y alimentos como paquetes de harina de 10 kg, paquetes de arroz de 3 kg y botellas de 1 litro de aceite. Estos productos aseguran mi subsistencia y evitan que me contagie gracias a los lavados frecuentes de manos, la ausencia de contacto físico y el uso de alcohol en gel. Minimizan la cantidad de emergencias que tengo que manejar. Las trabajadoras del hogar como yo todavía necesitamos bastante ayuda para solventar el pago de nuestra renta ya que la pandemia de COVID-19 nos ha dejado sin empleo. Necesitamos asegurarnos un techo y esperamos poder seguir recibiendo asistencia en este sentido.


 

Tena Zena

 

 

 

Mi nombre es Tena Zena y soy la presidente de la Asociación de Trabajadoras del Hogar de Mulu Tesfa.

 

 

 

Soy soltera y tengo 26 años. Vivo en la Zona de Gojjam Oriental de la Región Amhara, en una ciudad llamada Debre Markos. Tengo una hermana y un hermano. De bebé quedé huérfana; perdí a mi padre cuando tenía un año de edad.

 

 

 

Mi familia, proveniente de la clase trabajadora, atravesó condiciones extremas. Mi mamá era vendedora ambulante; vendía vegetales al costado de la calle y en el mercado. Continúa con esta actividad a pesar de lo difícil que le resulta. Para ayudar a mi familia, comencé a trabajar como trabajadora del hogar a los 11 años con mi tía. Vivía con ella sin ningún tipo de compensación: ella no me pagaba un salario, pero cubría los costos de mi educación, el material de estudio, los medicamentos y la vestimenta.

 

 

 

Una vez que terminé el décimo año de estudios, asistí al Instituto de Educación Técnica y Vocacional de Debre Markos (Debre Markos Technical and Vocational Education College), donde estudié Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Recibí un certificado de TIC Nivel 4. Luego de graduarme con este diploma de estudios superiores, pude encontrar un trabajo por contrato como empleada del gobierno en un puesto de secretaria y administradora de oficina. Sin embargo, me enfermé en el medio de mi carrera.

 

 

 

Al ver mi sufrimiento, mi madre me llevó a un monasterio para que me bauticen con agua bendita. Luego de recuperarme de la enfermedad, regresé a mi oficina a trabajar, pero mi empleador no estaba dispuesto a aceptarme nuevamente ya que había perdido algunos días de trabajo. Con una urgente necesidad de trabajar y sin opciones disponibles, decidí viajar a los países árabes en busca de empleo.

 

 

 

La vida en Kuwait no fue fácil para mí. Pasaba hambre regularmente ya que los empleadores no me daban suficiente comida. Solo se me permitía comer una vez al día, por la noche. Fue muy angustiante para mí. Tenía que comer tomates crudos para saciarme. Mi empleador también me obligaba a realizar trabajo adicional para sus parientes y vecinos: más hogares que cuidar y mantener.

 

 

 

Luego de vivir un año en Kuwait, me caí inesperadamente mientras limpiaba la casa y me lastimé la columna seriamente. Fui al hospital y tuve que pagar la consulta con mi propio dinero. Pero no pude recuperarme del dolor. Quise continuar con el tratamiento, pero no pude hacer frente a los gastos. Y me vi obligada a regresar a Etiopía. Allí me encontré sin dinero ya que mis empleadores no me pagaron el equivalente a 6 meses de salario. Tuve que enfrentarme a múltiples problemas. Mi enfermedad se agravó y me encontraba sola. Nadie me brindaba asistencia para costear el tratamiento médico o mis necesidades diarias. Estaba enferma y enojada. Mi dolor ya no era solo físico, sino también psicológico. Perdí toda esperanza. Pero en lugar de bajar los brazos y pensar que “era mejor morir que vivir esta vida”, decidí pedir ayuda en la oficina de administración de la ciudad. Ahí no encontré el respaldo que buscaba, pero me pusieron en contacto con la Asociación de Trabajadoras del Hogar de Mulu Tesfa.

 

 

 

Afortunadamente, la Asociación de Trabajadoras del Hogar de Mulu Tesfa y la organización Comunità Volontari per il Mondo (CVM) brindaban capacitación vocacional para 10 mujeres elegidas entre sus miembros a las que ayudaban con 45.000 birr etíopes como capital inicial. Así es que tomé cartas en el asunto. Luego de un tiempo, conseguí un empleo temporario en mi profesión como codificadora de datos en Debre Markos con un salario mensual de 2.500 birr etíopes. Además, tengo una máquina lavadora en mi casa y me dedico a lavar ropa en mi tiempo libre. Finalmente, las cosas están yendo bien.

 

 

 

La CVM/APA (A Partnership with Africa) nos ha ayudado de muchas formas: nos ha organizado, nos ha presentado al gobierno y sus funcionarios; ha educado y capacitado a nuestros miembros. Nos ha capacitado para poder realizar actividades que generen una fuente de ingresos. La CVM/APA nos ha mostrado el camino hacia nuestros derechos, los acuerdos contractuales, la competencia profesional, etc. Estamos muy contentas de saber que está relacionada con la FITH y de trabajar todas juntas.  La FITH está realizando una tarea muy valiosa para nuestro sindicato: algunas de nuestras miembros han participado en capacitaciones continentales e intercambios de experiencias. La FITH y la CVM/APA nos brindan ayuda cuando estamos atravesando algún tipo de dificultad. Estamos muy contentas de saber que su objetivo es ayudarnos.

 

 

 

No quisiera volver a un país árabe nunca más. Les recomiendo a las trabajadoras del hogar y a otras mujeres que en lugar de ello trabajen aquí. Soy la presidente de la Asociación de Trabajadoras del Hogar de Mulu Tesfa desde el año 2018 y me encuentro estudiando para obtener mi primer título en administración.

 

 

 

Estoy coordinando las respuestas de prevención de la COVID-19 y trabajando sobre los métodos de movilización a través de la radio y los medios. También estoy aplicando mi conocimiento dentro del sindicato para protegerme a mí y a los miembros de posibles contagios. Hemos recibido la asistencia de la FITH a través de productos sanitarios tales como jabón, desinfectantes y alimentos tales como arroz, aceite, harina de trigo, máscaras y material para radiodifusión. Hemos creado un grupo de COVID-19 especialmente dedicado a la concientización sobre la pandemia.

 

Muchas gracias por darme esta oportunidad.

 

Tena Zena, Presidente de la Asociación de Trabajadoras del Hogar de Mulu Tesfa.